El Dolor Durante la Práctica de Yoga

“El dolor es una opinión” – Vilayanur Ramachandran

El dolor es a la vez sensación y percepción. Nuestros movimientos, pensamientos, emociones y memorias afectan al dolor que experimentamos.

Esto no significa que el dolor esté sólo en tu mente o que lo puedas eliminar con el pensamiento. El dolor es real, pero se forma a partir de muchos elementos, y no es necesariamente un reflejo directo de daño en el cuerpo.

El dolor es complejo, dinámico e individual. Muchas veces no sabremos con exactitud por qué tienes dolor y qué debes hacer al respecto. Lo único seguro es que el cerebro es siempre quien decide si algo dolerá o no.

Hay componentes del dolor sobre los que no podemos actuar conscientemente, pero sí podemos influenciar otros. Hasta cierto punto, el dolor es una opinión, y podemos entrenar a nuestra mente para controlarlo e incluso reducirlo.

Practicar y prosperar en medio de la adversidad es un desafío mucho mayor que evitar o escaparse. Una vida, como una práctica, basada en la evitación del dolor puede suponer perder una ocasión excepcional de crecimiento. Sin embargo, en cuanto a asana (parte del yoga, que no es el yoga) conviene tener en cuenta que cualquier presión puede ser lesiva aplicada a un cuerpo débil.

Una historia personal

Hace un tiempo, llegue a un punto en que mi practica diaria de asthanga vinyasa me desgastaba tanto que al llegar a casa tenía que tumbarme a descansar o dormir. Con el ok de mi profesora, fui quitando posturas, después los saltos, luego haciendo toda mi ya reducida practica estilo abuela y al final mi practica de asana pasó de una hora y media a 20 minutos porque era todo lo que podía afrontar.

Recuerdo la sensación de desánimo y frustración. Me decía, ¿qué estoy haciendo mal? ¿qué me pasa?

Estaba agotada. No era capaz de sostener mi practica ni física ni mental ni energéticamente.

Con la perspectiva que da la distancia, pienso que demasiadas veces utilizaba la practica como vía de escape, como una forma de relativizar, pero también de evadirme y volar lejos de los problemas mundanos, y no quería ver. Ese no querer ver me llevó a realmente no ver ni escuchar las señales de mi cuerpo-mente que me indicaban que debía bajar el ritmo en la práctica y sobretodo en mi vida.

Es un problema cuando no atiendes a que yoga es al mismo tiempo un espejo y ventana. Hay que atender a lo que hay, porque huir del dolor hace que se quede en tu vida y los pensamientos te arrastren con más fuerza, pero si afinas encuentras una salida, una solución clara y sencilla.

Por otro lado, mi trayectoria deportiva me ha permitido ir perfeccionando habilidades en la comprensión corporal, fisiología, biomecánica… así como saber gestionar los dolores y lesiones. Pero, ¿qué sucede con la parte creativa, intuitiva y sensitiva del dolor durante la práctica de yoga?

Escucha tu cuerpo

Escuchar al propio cuerpo no es lo mismo que entenderlo, porque los lenguajes que usa, a menudo, son incomprensibles para nuestra mente racional. La comunicación necesaria con el dolor se basa, en mi experiencia, en una serie de códigos fluidos, sinceros y abiertos que se cultivan y a los que hay que estar receptivas.

Podemos engañar a la mente, engañar a los demás, pero jamás al organismo, ya que su percepción se basa en el sentimiento que experimentamos, independientemente de expectativas, opiniones, deseos, esperanzas y palabras. El cuerpo nunca miente, no puede ¿no es maravilloso?

Lo que intuimos, sentimos o ideamos es la voz del alma mostrándonos el camino. Cuando avanzamos en la vida desoyendo esa voz vamos a la deriva, dejamos de cuidarnos, de cuidar nuestra práctica y olvidamos la importancia de gestionar nuestra energía.

Cuando estamos dispuestas a escuchar las señales de dolor, nos enseña cómo acercarse más inteligentemente nuestros cuerpos, nuestra práctica y nuestras vidas. Sé inteligente y escucha tu cuerpo, escucha el dolor. No lo busques, ni huyas, compréndelo.

Integra los obstáculos en la práctica

Igual de importante que practicar con sensibilidad, plena consciencia, regular la intensidad y la gestión energética es mantener el foco correcto y no dejarse llevar por la belleza de las posturas y los deseos de conquista y afán coleccionista.

Esto se ve mucho en las clases de yoga. Algunas personas se frustran por no poder alcanzar una postura, o porque hoy están rígidas, o desconcentradas.  O porque me duele la rodilla y quiero hacer a toda costa Marichy D. Y en ese buscar algo futuro, una se pierde de la experiencia del presente, que es la más valiosa.

Reconozco que yo he practicado con dolor, incluso con lesiones (hombro e isquio) y en mi experiencia, si practicas con dolor lo haces de un modo mucho más consciente, más humilde y honesto. En otro nivel, porque estás haciendo la práctica menos física y te enfocas en la respiración, en la calidad de los pensamientos que surgen mientras practicas. Practicas con más amor y cuidado hacia ti misma, con adecuación y sensibilidad, sin resistencias.

Cuando estuve en India, Sarath Jois hablaba durante sus charlas del “sweet pain”. Es un concepto que me gusta. El dolor de la apertura y purificación del cuerpo es inevitable, pero ojo con confundir el dolor con el daño.

Parte del yoga es aprender a discernir dentro del dolor. Conocer la diferencia entre el dolor muscular que se extiende un poco más allá y el dolor del dolor agudo y lesivo. Algunas claves son:

– Respiración

– Actitud

– Foco: alineación-respiración-energía

– Viejas lesiones

– Señales de alerta

– Limites personales

¿Es realmente necesario poner los pies detrás de la cabeza o hacer el handstand para lograr la integración espiritual?

Son muy habituales las actitudes de practicar enfocándose en el “hacer” para lograr (ensayar muchas posturas y movimientos), centrándose en “buscar” mayor flexibilidad, fortaleza y equilibrio, y otras mejoras como “conseguir” efectos terapéuticos o calma mental. Es menos frecuente enfocar la practica de yoga como un cultivo de la consciencia, una práctica espiritual de observación y presencia.

No se trata de negar los beneficios de la práctica, son un estupendo valor añadido, sino de ir más allá de los resultados o expectativas y recordar que lo importante es cultivar la consciencia.

El sabio Patañjali nos invita a conocer todo lo que se presenta, no como un obstáculo, sino como un mensajero que nos alerta sobre un nuevo descubrimiento acerca de nosotras mismas. Si el yoga es, en su esencia, el despertar a la realidad interior de nuestro Ser,  todo lo que encontramos durante el camino nos lleva a una comprensión más profunda de lo que somos, incluso el dolor. Parte del viaje es estar dispuestas a enfrentar todo lo que experimentamos.

Como siempre dijo Pattabhi Jois : “Poco a poco, lentamente … Haz tu práctica … ”

Encontrar Sthira sukham asanam (YS II.46) toma tiempo, compromiso y perseverancia. Nos lleva a aceptar exactamente dónde estamos antes de que poco a poco, a través de la práctica constante y persistente, nos abramos a un profundo potencial. Si forzamos y empujamos nuestro cuerpo dolorido estamos actuando con violencia e incumpliendo con el primer yama (ahimsa, no violencia), causando además un mayor daño a la estructura física, un impacto negativo en el sistema nervioso y una perturbación adicional a la mente.

Observa tus sensaciones, practica con atención, acepta lo que hay, no fuerces, adapta la práctica, date cuenta de cuando parar sin que nadie tenga que decirte “YOU, STOP THERE” (asthanga style), acepta el “sweet pain” del que habla Sarath, el dolor aceptable y normal de la apertura, descansa si es necesario pero continua en la práctica de YOGA.

Y en línea con el asthanga, P. Jois decía que el cuerpo es como un contenedor que debe ser abierto y purificado, donde el dolor es una señal necesaria para el progreso. Por eso en el asthanga vinyasa yoga se practica 6 días a la semana, porque “acelera la velocidad a la que se experimenta los dolores que purifican la debilidad y rigidez, así como la velocidad a la que experimenta el resultado purificado de más fuerza y flexibilidad en el cuerpo y la mente“ Kino MacGregor.

Pero también advierten la importancia de distinguir entre el dolor “espiritual” necesario y el dolor que indica lesión. Hay una gran diferencia entre el dolor aceptable y el dolor que ha de evitarse, como el dolor en las articulaciones.

Y es que hay todo un revuelo asthangui en este tema a raíz de la lesión de cadera de Kino.

Heyam dukhamanagatam   (YS II.16 )

Heyam = evitable; Dukham = dolor; anagatam = que aún no ha llegado

El dolor que aún no ha llegado es evitable (puede ser evitado).

La causa fundamental del dolor debe ser eliminado. Según Devananda, el karma en el que ya se ha incurrido no puede cambiarse, pero su miseria puede evitarse por medio de una actitud mental positiva. El dolor futuro puede evitarse atendiendo cuidadosamente a las acciones presentes.

¿Es dukha (dolor) aplicable a asana? pues seguramente, aunque claramente Patañjali no iba por ahí. ¿Tú que crees? No parece que se refiera al dolor puramente físico (en asana) o mental-emocional, sino vital, existencial, causado por avidya (ignorancia) y los demás obstáculos.

Termino el post con unas recomendaciones o tips para ti ♡

– Ten en cuenta la biomecánica natural del cuerpo

– No compitas, no fuerces, muchas veces cuando estás preparada la postura brota sola

– Actualiza la practica cada dia con el trabajo concreto que demanda

– Lo físico sigue a la respiración. Abre espacio

– Pon el foco en conservar la energía y en lo sutil, no tanto en asana

– Sal del forzar, del perfeccinismo y coleccionismo de asanas

– Procura estar con lo que hay en cada momento

– Relájate, disfruta y ve a favor de lo que te propone el asana

Nuestros dolores, irritación, aburrimiento, movimientos emocionales, mente errante, o cualquier dificultad son parte de la práctica.  Al observar estos aspectos difíciles de la experiencia y por tanto permitir que existan, sin juicio, violencia o manipulación, estamos entrando en un espacio más amplio, nuevo y creativo que nos permite continuar cultivando la consciencia.

Cuídate mucho, cuida de tu práctica,

Kalyana

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