India: mi viaje a Mysore

2ª parte de mi viaje exterior hacia el interior

Como te contaba en el post anterior (puedes leerlo aquí), Mysore es como una burbuja donde todo lo que esta dentro se magnifica y lo de fuera se ve con perspectiva.

Respecto a mi viaje “exterior”, estar en Mysore fue una oportunidad única de conocer la rica cultura india y adentrarse en ella. No fue un viaje de conocer monumentos, tradiciones o lugares, sino de ser una más en la ciudad. La gente allí nos hacía sentir muy bienvenidas. Nos acompañaban en los templos, nos regalaban cositas que vendían por las calles, nos acogían como a sus “daughters” y nos invitaban a merendar a sus casas. Una maravilla.

Me sumergí fácilmente en la vida allí. Lo mejor del viaje “exterior” fue sentir India, vivir india, al menos un trocito. Sentirme en casa.

Las clases prácticas en la shala de Saraswathi eran poderosas en un modo que no se muy bien explicar, ya que, si bien apenas me hacían uno o dos ajustes al día y no había oportunidad de hablar con ella o sus asistentes, estar allí hacía que la práctica no fuera como la habitual en Madrid, sino mucho más potente.

Además del chanting en la main shala con Lakshimish, las clases de filosofía vinieron de la mano de Arvind, un profesor local que nos permitía sentarnos en el suelo de su humilde y pulcra casa a escuchar, preguntar, anotar y reconocer aspectos profundos del advaita vedanta, en inglés con ese acento indio que me encanta.

Tener tiempo libre te permite disfrutar de la ciudad y del ambiente yóguico que se respira en cada esquina y además comer riquísima comida vegetariana en cualquier momento y lugar por menos de dos euros.

Estar allí también te acerca a conocer y relacionarte con yoguis y yoguinis de todo el mundo que al compartir pasión por el yoga los sientes muy familiares y acogedores. En Mysore hay Yoga de verdad, hay una gran y maravillosa comunidad asthangui con muchas personas implicadas y entregadas en cuerpo y alma a este método, pero como en todas partes, hay de todo, y también se pasea por allí la élite del asthanga y los “fancy teachers”.

Fue cuanto menos interesante ver ese otro lado del asthanga, el ansia por hacerse fotos para el Facebook e instagram en posturas imposibles, el modelito yoguico diario cubierto con preciosas ropas indias, el show off en las prácticas, la desesperación de algunos por entrar los primeros en la shala o al chanting, la obcecación por el “catching”, el fanatismo…

Ver el circo yóguico tan de cerca a mi me sirvió para ver las cosas con más perspectiva. Tengo tendencia a obsesionarme y enfocar todo mi tiempo y energía en algo y últimamente el asthanga era todo mi mundo. Tanto jumping arround me decepcionó al principio, tanta incoherencia y tanto anti yoga disfrazado de espiritualidad, pero la verdad es que en lo personal me sirvió mucho. Ya te contaré más.

Image Credit: Evan Lovely on Flickr

Aunque la gente de allí está muy acostumbrada a los occidentales, era salir unos pocos pasos del barrio de Gokulam y llamabas la atención. Nos miraban muy fijamente, la gente mayor nos preguntaba de que país veníamos, las niñas se fascinaban con el cabello rubio y nos hacían sus bailes y los chicos jóvenes se querían hacer fotos con nosotras, como si sus amigos no fueran a creer lo que habían visto. 🙂

Las primeras semanas nos movíamos con precaución, no nos atrevíamos a andar solas de noche, por las continuas advertencias de Sarath y la comunidad sobre los ataques a mujeres, pero tras poco tiempo ya conocíamos las calles, las tiendas, los templos, los parques y muchas personas que nos hacían sentirnos como en casa.

El único incidente que tuve fue muy gracioso. Volviendo sobre las 21h sola a casa, ya de noche, envuelta en mi preciosa ropa india que sólo mostraba mis muñecas y pies a 30 grados, iba tranquilamente caminando, cuando a pocos metros del apartamento, un niño local de unos 15 años que montaba en bici por allí, pasó por mi lado tocando mi espalda baja (si, espalda) mientras decía “you beautiful american”. La verdad es que me enfadé mucho y no diré lo que le contesté porque es muy poco yóguico.

Al llegar a casa se lo conté a mi compis entre risas, pero a nadie más, porque allí había ya bastante tensión con el tema de los “ataques” a las chicas extranjeras. Bad things happend I know…pero ni a mi ni a nadie que yo conociera le pasó nada.

Como te contaba antes, salirse del barrio de Gokulam era como ir a otro país, o mejor dicho era salir a la India real, al ruido y caos de motos y rikshaw, vacas, mucha mucha gente, muchos colores, olores, todo un espectáculo. Gokulam es para mi una burbuja yóguica muy confortable para occidentales y un negocio muy rentable. Un retreat yóguico con todas las comodidades para los modern yoguis.

Mysore, India

Mucho me habían hablado de lo intensa que era la práctica allí y es totalmente cierto. No se puede explicar la energía que hay. Te abres, sueltas, Sanas y Flotas.

Las clases con Saraswati eran intensas pero ligeras y con muy buena energía, que sólo se agitó cuando llegó un grupo de alumnas chinas que revolucionaron un poco la shala 🙂

Casi ningún día tuvimos que esperar más de 5-10 minutos para entrar a practicar, nada que ver con la main shala donde enseña Sarath. La práctica me sentaba genial, pero luego necesitaba tumbarme un buen rato…mucho rato. Y a mis compis les pasaba igual. Mucha intensidad, yes.

El calor de la shala, moverte con tantos corazoncitos latiendo cerca, la energía yogui, la presencia de Saraswati y sus asistentes, la mirada de Krishnamacharia y Pattabhi en las fotos, las alfombras desgastadas, la única vela encendida, el gozo de recibir un poco de brisa cuando se abría la puerta, el rendirte ante un buen ajuste, el momento de compartir experiencias en los vestuarios, el terminar la practica….

Día tras día, la incansable Sarashwati estaba especialmente atenta y ocupada con los principiantes o gritando por ahí (indian style)

“HEY YOU! WHAT ARE YOU DOING!?”

“me?” -respondían varias tímidas vocecillas

Y es que ella impone mucho, y además nunca se sabe si te estará diciendo a ti, mientras ajusta a 10 metros un supta kurmasana o dos utthita hasta a la vez. 

“YOU stop here next day more”

“one more here” “HERE, HERE”

Yo ya pensaba que llevaba días que ni me miraba, cuando de repente me gritó del otro lado de la shala…

YOU! HEELS DOWN! 

Ok, estaba de puntillas en  urdva dhanurasana. ¡¡Tiene mil ojos esta mujer!!

También da muchos ánimos, sobretodo a los principiantes. A pesar de ser muy kappha, se la nota muy ligera, muy maternal. Me encantó cuando durante unos días se paseaba asistiendo por la shala canturreando y con los cascos puestos.

Es pequeñita pero tiene una extraña súper fuerza. Para mi, era sólo un poco “bruta” en paschimottanasana, pero da mucha seguridad y solo puedes entregarte ante ella.

“Now or never” como me dijo allí mi querida mentora del asthanga yoga! right! Now!

Para más dicha los ajustes de sus dos asistentes eran una maravilla práctica tras práctica. Muy diferentes a los que había aprendido y experimentado antes, pero muy efectivos, atentos, suaves, firmes y personalizados. Vamos que a ninguno se les escapaba nada ni nadie.

Como cosas curiosas…

❁ No vimos dar ninguna nueva postura a nadie

❁ En la clase guiada Saraswati añade una cuarta postura a la secuencia final que Sarath no hace, pero si enseñaba antes Pattabhi (a mi me gusta!)

❁ Además del mantra final, después de la guiada canta varios mantras que todos parecían saberse

❁ La shala tiene su propia hora o “shala time” que es 15 minutos antes de la hora normal allí. Por lo visto lo mantienen así por Pattabhi, que le gustaba ser súper puntual

❁ Después de los primeros días de práctica al llegar a casa me sangraba la nariz (“purification do occur easily and completely after practicce”, me dijo el chico de “the green house” ت)

❁ Allí son imprescindibles los masajes con castor oil

❁ Conseguí superar mi “postura maldita” bajando sola en los back bends. Yayyyy!

❁ La lesión en el isquitibial que tenía ya desde hacía un año desapareció por arte de magia, o por arte de India, en la primera semana allí.

Y ya, para acabar este post, me apetece compartir contigo que, a parte de las clases diarias en la shala, decidí no inscribirme en ninguno de los cursos que se daban en el KPJAYI por dos razones principalmente: 1. los cursos de sanscrito y YS que se ofrecían no me apetecían en aquel momento y 2. para tomarme mi tiempo en explorar la ciudad sin atarme con más y más actividades como en Madrid.

Iba cuando me apetecía a diferentes clases de meditación, kirtans, sesiones de sitar y música tradicional, consultas ayurvédicas, astrológicas… Aunque las clases de filosofía con Arvind nos encantaron tanto que mi compi Enri y yo íbamos cada día por la tarde. Highly recommended!

En fin, que fui a Mysore atraída por la experiencia y el anhelo de una dimensión más profunda del método y fue un honor estar en el KPJAYI, en la cuna del Ashtanga Vinyasa Yoga donde la esencia de la tradición y los maestros se siente tan pura y cercana como los mismos Saraswati y Sarath Jois. Fue un privilegio disponer del tiempo y recursos para estar allí, así como contar con la comprensión y apoyo de todas las personas que lo hicieron posible. ¡Gracias!

Namaste

KD

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