Mi autopráctica de asthanga yoga

Mi historia de amor con el estilo mysore del ashtanga yoga progresó cuando gané una nueva y poderosa herramienta: la auto-práctica. 

La practica de asthanga engancha mucho al principio. Las atenciones del profesor/a, la energía del grupo, el calor de la shala, la motivación de emprender algo nuevo. Lo cogemos con muchas ganas y se van diluyendo antes o después. Esto sucede tanto en una auto-práctica como en una shala-práctica. ¿Quieres saber cuál es mi secreto para sostener una auto practica diaria?

Genial, entonces busca un ratito tranquilo y sigue leyendo 🙂

En inglés hay un dicho: It takes one to know one. Lógicamente el camino se simplifica en unos tramos, mientras que se complica en otros…

Es especial, esa primera vez cuando estás de pie sobre la esterilla en casa, a las 6:30 de la mañana y no hay nadie alrededor, sólo tú y tu respiración. ¡Un gusto! Yoga en mi propia casa, moviéndome libremente y a mi propio ritmo. Visitando los mismos asanas día tras día, pero totalmente diferente cada vez, descubriendo algo en cada encuentro. Conociendo y reconociendo. Silenciosa, dulce, íntima… sumergiéndome cada día en un viaje vital de des-cubrimiento y auto-conocimiento.

Después de mi intenso viaje en 2015 a Mysore (India) por las circunstancias me sentí en parte forzada, como arrancada de la shala donde practicaba en Madrid y en parte bendecida por tener la claridad y fortaleza de decidir que debía empezar a practicar en casa. Es una de las maravillas del asthanga yoga, la autonomía que da la serie y que te llevas contigo ahí donde vas. A Mysore, a una shala, a tu casa, a un bosque y a la Conchinchina. La auto práctica no implica que no sea maravilloso practicar en un grupo y con profesor/a que te guíe y aconseje pero no dependes de él/ella para practicar.

Una vez tomada la decisión de no volver a la shala, había que dejar de hacer listas, de planificar y pasar a la acción. Y aún enchufada a la energía de India empecé a practicar sola, en casa, cada día, temprano, como manda la tradición ¡Todo un reto!

En la uni detestaba las clases de balonmano a las 7:30 de la mañana y es que movernos por la mañana nos da pereza, hace frío, el cuerpo está rígido. Asthanga es física y mentalmente exigente. Todo un desafío para los apegos a tu profe de siempre, un desafío para dormilonas y elementos desestabilizadores que se distraen con cualquier cosita de su casa, sus bichitos amorosos o con los estímulos de nuevas localizaciones al aire libre donde practicar.

Resulta mucho más fácil practicar cuando estás pagando una cuota mensual y sientes el apoyo de un grupo, una comunidad asthangui y un profesor/a. Por eso la gente me pregunta que cómo lo hago, me dicen que ellas no podrían y que tengo una gran fuerza de voluntad. Bueno, solo a mis alumnas las parece totalmente normal que practique sola y (ahora) no tenga profesor/a.

Es como esa vez que escuché hablando a mi alumno de yoga Jose con su pequeño alumno de primaria en el centro donde desarrollé un proyecto de yoga en la escuela:

– ¿Jose, y qué hace tania en el colegio? 

– es mi profesora de yoga

– ¡Anda ya! si tu ya eres profesor, como vas a tener profesora 

– ¡¿Ah no?!, ¿y tú, que crees que hace tania en el colegio?

– va por ahí con su cuaderno

Para comérselo!

Y contiuando con ¡¿cómo lo hago?! puedo asegurarte que NO es pura fuerza de voluntad, o al menos siento que la fuerza que me empuja a practicar sola cada día, viene de mi corazón y no de mi mente. No es fuerza de voluntad sino firmeza con dulzura, no fuerza con dureza.

Practicar cada día sin crearte otra imposición, soltando lastre para poder elevar, practicando con amor, con suavidad, con voluntad sincera, no con fuerza.

La voluntad que tienes que poner para practicar, en cierto modo es una metáfora de la voluntad que se necesita para, como dice el mantra inicial, deshacernos del veneno de una existencia condicionada. La voluntad necesaria para disolver los condicionamientos que nos alejan de sentir el Ser, que nos alejan de practicar y nos alejan de hacer algo bueno por una misma.

¿Que porqué me pongo sobre la esterilla cada día? porque lo disfruto. Porque me lo tomo como un regalo, no como un deber o responsabilidad auto impuesta. Ese es mi principal secreto para practicar sola cada día.

La practica es un regalo. Es alimento para el alma.

Para mi, mantener el compromiso con una practica personal diaria es lo que mantiene una profunda conexión con el yoga. No es un compromiso en el sentido “debo hacer mi práctica” “tengo que cumplir”, es un compromiso interno, un regalo que me hago.

Y para que sea un buen auto regalo, me permito fluir, reducir, ajustar, descansar, en mi auto-práctica cuando lo requiere. Adecuar y adaptarla a mi y no al revés, para poder ser realmente disfrutada y no sufrida. ¿Así, cómo va a ser difícil hacer algo que te hace sentir tan bien?

No te pierdas el próximo post con mi segundo secreto!

¡Feliz auto-práctica!

KD

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