¿Qué le sucede al cerebro en la meditación?

cerebro y meditación

cerebro y meditación

 

Durante miles de años se ha recurrido a la meditación para ir más allá de los pensamientos agitados y estresantes. Se ha comprendido como una vía hacia la paz y la claridad de la conciencia del momento presente. La variedad de técnicas de meditación y tradiciones son muchas, pero su esencia es una sola: el desarrollo de la conciencia. A veces, la conciencia se compara con una película de nuestra vida, pero no es una película continua. Al contrario. Según el doctor Weiss, la sensación de tener conciencia procede de la totalidad de la experiencia. En términos de cableado cerebral, la conciencia depende de cientos de billones de conexiones sinápticas que generan circuitos eléctricos entre sus 100.000 millones de neuronas . Como meditadores e investigadores, hemos podido comprobar que la cantidad de artículos sobre el cerebro ha aumentado significativamente en los últimos años. Algunos de ellos se han ocupado de la meditación y de sus correlatos orgánicos, no solo cerebrales. A la luz de ellos, podemos empezar a entender qué ocurre en el cerebro durante la meditación.

Efectos de la meditación

A partir de 1970, las investigaciones sobre los efectos de la meditación en el organismo comenzaron a mostrar los múltiples beneficios en la salud y el bienestar de los practicantes. En las últimas décadas, las nuevas herramientas como la resonancia magnética funcional (IRMF) –un modo de imagen que proporciona información detallada sobre la conectividad estructural del cerebro–, el encefalograma (EEG) –que mide los niveles de electricidad cerebral– y el tomógrafo por emisión de positrones (TEP) han aportado un conocimiento extraordinario. En resumen, han confirmado que, durante la meditación, se producen cambios regionales en el flujo sanguíneo y el metabolismo de varias zonas de cerebro. Así, algunas se vuelven más activas desde un punto de vista metabólico, como la corteza prefrontal izquierda (asociada a la felicidad y los pensamientos positivos) y el sistema límbico (que genera las respuestas emocionales). El cerebro establece muchas conexiones a través del sistema nervioso con el corazón y los vasos sanguíneos, por lo que no es de extrañar que la meditación tenga la capacidad de reducir el ritmo cardiaco, la presión sanguínea y otros parámetros potencialmente cardiosaludables.

Además, produce un mejor rendimiento del sistema inmunológico (Ospina et al., 2007). En estudio reciente sobre la función inmune , se asoció la práctica de la meditación a un mayor número de células NK (del inglés, natural killer), que son glóbulos blancos, encargados de detectar y luchar contra las infecciones. Otras investigaciones recientes han analizado múltiples beneficios potenciales a través de cambios estructurales en el cerebro. Desde 2011, la neurocientífica Sara Lazar y su equipo de la Facultad de Medicina de Harvard indagaron sobre los efectos de la meditación en el cerebro humano. Se pudo observar que su práctica sistemática mantenida en el tiempo causaba un engrosamiento de la parte del cerebro responsable de la mayoría de los sentimientos, desde la emoción hasta la atención, el aprendizaje, la memoria y la percepción del dolor físico y emocional. El hipocampo izquierdo, imprescindible en el aprendizaje, las capacidades cognitivas, la memoria, concentración y la regulación de las emociones también había aumentado de grosor. Los estudios hallaron un aumento del tamaño de la materia gris en algunas zonas del cerebro, entre ellas las zonas prefrontales, relacionadas con la memoria funcional y los procesos de toma de decisiones. Asimismo, se apreció un aumento de la unión temporo-parietal, asociada a las relaciones sociales, la toma de perspectiva, la empatía y la compasión, y una disminución de la materia gris en la amígdala, encargada de la generación de estrés y el miedo. Luders y su equipo de la universidad de California aportaron evidencias sobre los beneficios de la meditación para el cerebro.

Apoyándose en la hipótesis de que la meditación produce cambios estructurales en este órgano, hallaron que existe una relación directa entre la cantidad de ‘grificación cerebral’ y el número de años meditando, lo que indirectamente ilustraba la neuroplasticidad cerebral. La grificación es un proceso por el cual la superficie del cerebro sufre cambios para crear surcos estrechos que se pliegan y su formación tiene por fin promover y mejorar el procesamiento neuronal. Eso significa que mientras mayor sea la cantidad de surcos o pliegues que tenga un cerebro, mejor será el procesamiento de información, la toma de decisiones y la memoria. Esto constituye una prueba de la neuroplasticidad cerebral o capacidad del cerebro para adaptarse a los cambios del entorno.

El doctor Singh Khalsa ha dedicado más de una década a recopilar material sobre los efectos de la meditación en la mente. En su libro “Your brain on yoga” (2012), explica cómo la práctica de la meditación cambia nuestro cerebro, ofreciendo grandes beneficios. Entre ellos destacó los siguientes: aumento de la sensación de bienestar, relajación y felicidad, por incremento de niveles de GABA (ácido gamma-aminobutírico), dopamina y oxitocina; reducción de estrés por disminución de cortisol; mejora de la memoria, incremento del aprendizaje, por el aumento de materia gris en el hipocampo; es un antídoto contra la depresión, ya que aumenta la actividad de la corteza prefrontal derecha, producción de estados de ánimo positivos; activación del sistema nervioso parasimpático e incremento de la serenidad y equilibrio; mejora de la reflexividad, por el aumento del grosor del cerebro prefrontal y el refuerzo de conexiones neuronales, y mayor agilidad o velocidad de procesamiento de la información, tomas de decisiones con mayor facilidad y claridad.

Efectos del mindfulness

En el ámbito específico del mindfulness, entendido como un método o técnica de meditación, también se han realizado numerosas investigaciones. Bajo mi punto de vista, el mindfulness es una reformulación moderna de la meditación, que rescata de ella una parte –la atención plena– y la vincula a un aparato conceptual que puede resultar confuso y poco definido. Se trata de un factor terapéutico unido a un conocimiento fragmentado de la sabiduría oriental. Por ello, el mindfulness es, comparado con la meditación, superficial, incompleto, limitado y con un marcado carácter utilitario. A pesar de ofrecer resultados beneficiosos, conviene no confundirlo con la milenaria práctica de la meditación.

Dicho esto, según las investigaciones recopiladas por Siegel en su obra “Cerebro y mindfulness”, esta forma de meditación logra alcanzar elevados estados de atención gracias a la disminución en la actividad del sistema nervioso periférico, una actividad sostenida del sistema nervioso central y una serie de cambios electroencefalográficos específicos. Hölzel et al (2011) constataron que la práctica del mindfulness media hora diaria durante ocho semanas provoca cambios mensurables en regiones del cerebro relacionadas con la memoria, el sentido del yo, la empatía y el estrés. Otras investigaciones han demostrado que la práctica del mindfulness aumentaba las capacidades cognitivas, favorecía la autoconciencia en la regulación emocional, la capacidad de concentración y la atención ejecutiva, mayor aprendizaje explícito –que requiere atención, comprensión y consciencia– y superior prevalencia del aprendizaje implícito.

En cuanto al aprendizaje

Se ha demostrado que, a base de practicar meditación, se puede fortalecer el circuito responsable del aprendizaje explícito o consciente, y reducir el circuito responsable del aprendizaje implícito o inconsciente. La neurociencia describe cómo estos dos circuitos compiten en el cerebro ante un estímulo; por un lado, el circuito cortico-basal, responsable del aprendizaje implícito, que se trata de un aprendizaje inconsciente, con el que se aprenden pequeños hábitos de carácter automático, como ir en bici o reaccionar ante ciertos estímulos impulsivamente. Por otro lado, el circuito frontotemporal-parietal, responsable del aprendizaje explícito, que es un aprendizaje más consciente. Un ejemplo sería la lectura de este artículo, que requiere de más atención y comprensión. Estos dos circuitos compiten y permiten la adquisición de conductas aprendidas. El aprendizaje implícito tiende a prevalecer en nuestro cerebro y esto hace que, por ejemplo, aunque sepamos que es preferible no reaccionar negativamente frente a comentarios ofensivos, inconscientemente nos molesta y se nos hace difícil mantener la calma. En este sentido, recientes investigaciones han demostrado que, a base de practicar la meditación, se puede fortalecer el circuito explícito, que permite el análisis consciente de las situaciones que vivimos y la probabilidad de reaccionar de una manera menos automática.

 

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Conclusiones

En definitiva, la meditación puede, literalmente, cambiar nuestro cerebro. Los investigadores han hallado que estimula su neuroplasticidad o capacidad de formar y modificar conexiones neuronales produciendo efectos saludables en el cuerpo y la mente, y desarrollando cualidades deseables como la calma, el autoconocimiento, la empatía, la atención o el equilibrio interior, que sientan los cimientos de un marco ético y educativo desvinculado de cualquier filosofía o religión. La meditación es una puerta a la conciencia y un camino hacia el bienestar. Si bien el cerebro humano es una de las estructuras organizadas más complejas del universo conocido, es preciso saber que no es necesario entender la naturaleza de la conciencia en detalle para practicar y beneficiarse de la meditación en el ámbito personal y profesional educativo. La meditación es una ciencia de la mente, pero, sobre todo, es una práctica personal que requiere un compromiso de tiempo y energía de manera sistemática. La experiencia individual debe ser el laboratorio en que cada persona analice su validez. De este modo, la meditación está llamada a ser un contenido relevante en el marco pedagógico presente y futuro, con capacidad para redimensionar y redefinir el sistema educativo hacia una formación compleja, plena y radical (Herrán, 2016) centrada en la evolución humana y orientada específicamente a la conciencia.

Namaste

Kalyana

 

Nota: Este post es un extracto del artículo que escribí para la Revista Apuntes de pedagogía,24 que dirige mi mentor y amigo Agustín de la Herrán. En el texto completo del enlace se citan todas las investigaciones revisadas y demás fuentes bibliográficas.

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